Los viticultores recordarán mucho tiempo las noches del 6, 7 y 8 de abril de 2021: tras un inicio de primavera excepcionalmente suave que había despertado la viña, un frío polar se abatió sobre toda la Francia vitícola. En Borgoña, las velas encendidas en las viñas no bastaron en todas partes, y la cosecha se anunció reducida desde el principio.
Un verano a la antigua
El verano de 2021, fresco y regularmente regado, exigió una vigilancia constante en las viñas. Pero esta estación «a la antigua» tuvo una virtud: devolver a los blancos un perfil que los años cálidos habían hecho olvidar — vinos rectos, frescos, con aromas de cítricos y flores blancas, sostenidos por acideces vivas.
El encanto discreto de 2021
Menos demostrativos que los 2020, los blancos de 2021 son vinos de conocedores: su tensión los destina a la mesa — pescados, mariscos, quesos de cabra curados — y su acidez les promete una evolución lenta y elegante. Una añada rara por sus volúmenes, entrañable por su estilo.